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Lic. en Psicología con Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes.
Terapia Individual y de Pareja.
Crisis de
ANSIEDAD
La ansiedad es un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos alerta ante sucesos comprometidos. En realidad, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución en situaciones especialemente peligrosas. Una ansiedad moderada puede ayudarnos a mantenernos concentrados, alerta y afrontrar los retos que tenemos por delante.
En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente. Más concretamente, la ansiedad es desproporcionada con la situación e incluso, a veces, se presenta en ausencia de un peligro ostensible (la persona puede no saber concientemente lo que le sucede). El sujeto se siente paralizado con un sentimiento de indefensión y, en general, se produce un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico.
Diversas pueden ser las causas de la ansiedad: experiencias traumáticas como un accidente, una enfermedad personal o de un ser querido, un asalto ó bien, experiencias vitales significativas como un embarazo, pérdida o cambio de trabajo pueden producir ansiedad.
Los síntomas de la ansiedad se dividen en:
Emocionales: Preocupación constante, cansancio, irritabilidad y dificultades para concentrarse y conciliar el sueño, así como alteración en el apetito (pérdida o aumento).
Físicos: Pulsaciones elevadas, sudoración excesiva, tensión muscular, temblores, mareos, desmayos, indigestión, diarrea y respiración agitada.
Cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, entonces se la considera como un Trastorno: Trastorno de ansiedad generalizada, Trastorno de pánico (o ataque de angustia), Trastorno fóbico, trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno por estrés post-traumático son formas en las que se puede manifestar un exceso de ansiedad no tramitada adecuadamente.
Es necesario consultar a un profesional para realizar un diagnóstico basado en la evaluación de los síntomas físicos y la historia tanto médica como psicológica del paciente y así determinar el tratamiento más adecuado a seguir.


Depresión.
Tristeza, vacío, irritabilidad, desinterés, etc; son sentimientos que todas las personas experimentamos sobretodo ante situaciones adversas de la vida. La pérdida de un ser querido, del trabajo, una crisis sentimental o econónima pueden afectar nuestro estado de ánimo e incluso nuestra conducta. Sin embargo éstas experiencias no siempre provocan una depresión, e incluso no en todas las depresiones hay presencia de tristeza o malestares aparentes. Hablamos de depresión cuando los sentimientos desagradables y el decaimiento general del estado de ánimo son permanentes, continuos, sin límites, los problemas se van pero el malestar continúa. Los síntomas del humor deprimido (es decir, depresión) se manifiestan pácticamente en todas las áreas de la vida de una persona:
Afectivos: ánimo abatido, sentimientos negativos hacia sí mismo, insatisfacción, pédida del sentido del humor.
Pensamientos: Baja autoestima, desesperanza, sentimientos de culpa y elevada autocrítica, indecisión, distorsión de la imagen corporal, sentimientos de fracaso e incompetencia.
Motivaciones: Dependencia extrema, parálisis de la voluntad, aislamiento y evasión, deseos de muerte o suicidas.
Físicos: Desórdenes alimenticios y del sueño, disminución del placer sexual, fatiga, ansiedad y miedos.
La pérdida de interés y de satisfacción-placer son síntomas clave en el diagnóstico de la depresión. Existen diferentes tipos de depresión y es necesario consultar a un profesional que realice una evaluación que permita identificar el problema, así como el tratamiento más adecuado a seguir.
MAYOR INFORMACIÓN.
¿Problemas de pareja?
Celos-Infidelidad-Mala comunicación.
El proyecto de una relación de pareja es sumamente importante en la vida pero también uno de los retos más difíciles y algo que causa mucha infelicidad cuando no se puede lograr. En toda relación son inevitables los problemas pero algunos de ellos nos rebasan a tal grado que está fuera de nuestras manos e incluso de nuestra voluntad encontrar las mejores soluciones posibles.
Cuando perdemos la brújula de nuestra relación, cuando las palabras ya no nos ayudan a comprendernos, ó cuando ha llegado el momento de tomar decisiones pero no sabemos cómo afrontarlas, ese es el momento de pedir ayuda. En ocasiones ambos integrantes de la pareja están dispuestos a buscar y recibir ayuda; en otros casos será necesario iniciar un proceso terapéutico individual que nos ayude a fortalecernos emocionalmente así poder afrontar de manera más proactiva tanto los problemas como las soluciones a nuestros conflictos de pareja.